De izquierda a derecha, el negro estaba muerto y rígido, las hormigas se lo estaban empezando a comer. El segundo estaba con bichos en la boca y los ojos, pero luego de tocarlo me doy cuenta de que reacciona. El tercero todavía estaba vivo y en mejores condiciones que el segundo.
Miro a Enrique, uno de nuestros veterinarios que estaba en la camioneta y le hago un gesto con la mano de que hay tres, pero uno estaba muerto. Entonces, se acercan corriendo Fabián y Carolina, dos de los otros profesionales que integraban el equipo. Entonces el primero me dice: “bueno, quizás podemos salvarlos, pero necesito preguntarles quién se hará cargo de ellos, porque es necesario que alguien los cuide día y noche porque sino van a morir si o si”.
Sin pensarlo mucho le dije que yo me haría cargo, en realidad no pensé en nada, simplemente le dije que sí. Era eso o dejarlos morir. Los subimos a la camioneta y comenzamos a reanimarlos; Carolina trataba con respiración boca a boca e inyectando suero a ambos, no sabíamos cuánto tiempo llevaban ahí. Si uno ya había muerto, a los otros dos no les quedaba mucho tiempo. Estaban hipotérmicos, por más de una hora estuvimos reanimándolos. Finalmente los médicos dijeron que no había caso con uno de los cachorros y no pudimos hacer más por él que sacrificarlo y terminar con su agonía.
Luego de eso venía quizás lo más difícil, mantener a un cachorra de aproximadamente 1 semana de vida (pudiendo ser quizás menos) sana y salva, y luego quizás buscarle una familia que lo quiera.
Así es como conocimos a Warén. La pequeña no era más grande que el porte de mi mano. Durante las primeras noches tuve que dormir con ella y luego de jornadas de socorro animal de 12 ó 13 horas por las zonas más afectadas de Concepción, tenía que despertar cada 2 horas para que comiera e hiciera sus necesidades. También protegerla de los temblores, algunos de ellos muy fuertes y en donde lo único que yo pensaba era en protegerla a cualquier costo.
Está creciendo y a veces ladra.
Cuando recién llegó, le dábamos leche para cachorros cada 4 horas aproximadamente y teníamos que estar pendiente de cada vez que quería hacer caca o pipí.
A veces vamos a pasear al parque y andamos en bicicleta. Ella asoma su cabecita de un bolso, lamentablemente no hay cascos para perros tan pequeños.
Ahora Warén está bien, es feliz viviendo conmigo y por lo menos yo, la amo desde el primer momento en que la vi.
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